Omar Villegas: “Con este documental estoy devolviendo algo que tomé prestado”

“Atacameños, la memoria de un pueblo”, se llama la última pieza audiovisual de este realizador antofagastino, elaborada con material inédito de sus viajes a los poblados del interior junto a investigadores de la Universidad de Antofagasta. 

 

En camioneta, a lomo de mula o caminando. Omar Villegas Astudillo lleva décadas recorriendo los poblados del interior, interesado en conocer y registrar en video, la cultura, costumbres y tradiciones de los habitantes de las comunidades likanantay, a quienes ha retratado en cientos de horas de grabación.
Este incesante ir y venir se inició a fines de la década de los 60, con la recordada arqueóloga Vjera Zlatar, en el antiguo Laboratorio de Fotografía y Cine, de la ex sede Antofagasta de la Universidad de Chile, y prosiguió con el trabajo de investigadores como Patricio Núñez, Eduardo Muñoz, Branko Marinov, Horacio Larraín y Roberto Lehnert, de la Universidad de Antofagasta.
Durante la celebración del Día del Patrimonio, Omar Villegas presentó “Atacameños, la memoria de un pueblo”, una extraordinaria recopilación de diez documentales grabados precisamente en esos largos recorridos por el desierto y los salares. Allí, en poco más de una hora, muestra costumbres y tradiciones cada vez más amenazadas por el paso del tiempo, rescatadas de antiguas cintas VHS y practicadas por personas que, en muchos casos, ya no están.

¿Cómo eran esos viajes al interior?
Eran bien sacrificados. Viajábamos cuando no había ni luz todavía en San Pedro, dormíamos en cualquier lado, a veces en la biblioteca, en la escuela o el retén de Carabineros, y registrábamos hasta donde podíamos. Estábamos mínimo una semana, a veces 15 días. En ese periodo participé en la restauración del Pucara de Quitor, en la restauración de la Aldea de Tulor, estuve en excavaciones, en el descubrimiento de pinturas rupestres, me acuerdo que esa vez anduvimos cuatro horas de ida y cuatro horas de vuelta en mula, con los equipos cargados. Parecíamos guerrilleros, teníamos un espíritu guerrillero, porque teníamos una misión de rescatar, yo audiovisualmente, y los arqueólogos con su trabajo, toda esa riqueza.

¿Y por amor al arte?
A mí nadie me pagaba, yo con el hecho de ir ya me sentía pagado, estar con los arqueólogos era como estar con Indiana Jones, hay algo de aventura en eso y yo siempre fui aventurero, de chico, por eso me gustaba.

Omar Villegas presentó su último trabajo como parte de las actividades del Día del Patrimonio.

¿Qué aprendió en esos años?
Cuando estás en terreno estás en la soledad absoluta, y en la noche, mirando las estrellas, sale todo lo que está en tu interior. Es totalmente diferente a estar acá rodeado de edificios. Yo creo que Jesucristo aprendió más durante los 40 días que estuvo en el desierto que en el resto de su vida. Personalmente aprendí que uno no es lo máximo, es lo mínimo, una pequeñez en medio de una cosa gigante. Era impresionante llegar al Salar de Tara y ver puros puntitos rosados y escuchar el murmullo de los flamencos, ver cosas así impresionan.

Grandes amistades se forjaron en esos viajes, supongo…
Mucha amistad con Roberto Lenhert, que era filólogo, estudiaba las lenguas; con Horacio Larraín, que había sido cura jesuita; Patricio Núñez, Mario Rivera, y varios más. Lo que pasa es que los antropólogos tienen mucho de humanismo, la antropología te hace mirar la vida de otra manera, te da otros valores, otros principios, aparte que yo venía de una familia en que se leía bastante, mi papá tenía sexto básico pero era un comunista intelectual, el leía El Siglo, pero decía que había que leer de todo. Por eso congeniábamos bastante.

¿Cómo está ahora San Pedro de Atacama?
En San Pedro siempre están las mismas cosas, lo que ha cambiado es la gente que camina por las calles, la gente del pueblo se ha retirado a los ayllus, y en los ayllus conservan sus fiestas, hacen carnaval, juegan a la challa, todo eso. Son puros santiaguinos los que hay ahora. Yo una vez conté y había en ese tiempo 16 agencias de viajes y una era de atacameño.

¿Qué tradiciones se han perdido?
Lo que se ha perdido harto es la limpia de canales en los pueblos, que es una tradición muy linda, en que el pueblo completo colabora para sacar la basura que se acumula en el año y que impide el paso del agua. Todos participan, y la gente va tocando el clarín, y el que no trabaja, lo azotan, de broma eso sí; y se ríen, hasta que llega la hora del almuerzo, que es un almuerzo comunitario, con los pies dentro del canal. Dura dos o tres días esa fiesta, de acuerdo al tramo que se tiene que limpiar, y después hacen toda una ceremonia antes del soltar el agua. Eso actualmente se hace poco, y de otra manera, ahora recién están tratando de rescatar muchas costumbres y tradiciones. Otras, como la minga, se han de hacer, pero no en todos los pueblos. El floreo del llamo, que es cuando les ponen en las orejitas un pompón, también se ha dejado de lado, porque la gente ya no tiene animales.

¿Por qué ya no se realizan, cambiaron las costumbres?
Porque se han perdido muchos cultores, se han muerto los viejitos, y los jóvenes no han tenido el interés. Se van a trabajar a las mineras y sólo vuelven para las fiestas.

¿Cuántos documentales tiene?
Más 20 cosas bien hechas, y muchas otras más pequeñas, por ejemplo, hay unos cortitos de 2 minutos que hice inspirado en Visiones, que hacía Canal 13. Eso mismo yo lo hice, pero para patrimonio cultural, con la voz de Fernando Solís, un locutor de TVN, y TVN pidió después esas cápsulas para pasarlas a nivel internacional. También está el Arte de Andrés Sabella, que lo hicimos acá en la universidad, y tengo muchos más, el Tren de la Memoria, Los Diablos Rojos, etc.

El trabajo es una recopilación de diez documentales grabados hace más de 30 años.

¿Cuál es el valor del documental que presentó ahora?
El valor es el rescate mismo de un comportamiento social que está desapareciendo, esa es la idea, rescatar un comportamiento humano, una actitud, una manera de ser, un quehacer. En antropología todo es importante, el hecho que tu estés sentado así tiene una razón (le dice al entrevistador). Yo creo que en la educación básica y media deberían enseñarnos antropología, nos entenderíamos mejor.

¿Cómo reacciona la gente que se ve en esos videos tan antiguos, o que ve a familiares que fallecieron?
Es una impresión tremenda, ellos no tienen acceso a la fotografía, no están acostumbrados a la imagen. Nosotros sí lo estamos, en mi casa había cámaras, yo tengo fotos de cuando tenía un año. No sé por qué lo hicieron, pero mis padres fueron previsores en ese sentido. Y yo hice lo mismo con mi hijo, que falleció el año pasado. El primer documental que hice fue el nacimiento de mi hijo, imagina, el año 82 filmé el parto de mi hijo. Pero ellos, la gente del interior, no tiene acceso a la imagen. Entonces, de repente alguien ve a su tío Roberto, que ya murió, y le dijo a otro que lo había visto y todos estaban impresionados. En realidad muchas de esas personas han muerto, por eso le vamos a regalar este trabajo a sus familiares. Tengo como 500 discos para entregar. Con este documental yo en el fondo les estoy devolviendo algo que tomé prestado.

¿Qué proyectos vienen ahora?
Estoy preparando un documental con material de archivo sobre el golpe de Estado en Antofagasta, ya llevo 9 minutos más o menos armados en un primer corte. Tengo hartos testimonios de gente que ya no está, y lo otro es terminar mi libro, que lo estoy escribiendo, y seguir viajando hasta cuando pueda. Ahora nos vamos a Turquía con mi esposa, compramos pasajes y nos vamos a Turquía.

 

*** “Atacameños, la memoria de un pueblo”, contó con el apoyo del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta, la Comunidad Atacameña de Toconce y la Corporación Cultural de Sierra Gorda. El proyecto tiene financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Fondart Regional, convocatoria 2021.

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jose.ramirez@uantof.cl

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